Mar adentro ****
Con un espectacular arranque que recuerda al de “Abre los ojos”, Amenábar se sumerge en el vasto universo de un hombre que vio ilimitado ese universo interior, cuanto más limitado se hacía su universo físico, y que solamente lo conducía a un deseo: morir. Y se sumerge Amenábar arrastrando al espectador hacia donde quiere. Y lo hace desde la seducción –casi todas las películas utilizan la seducción-, pero esta es la película en la que más notorio se hace, de todas cuantas se han podido ver en los últimos años. Es Ramón Sampedro un personaje seductor, ya sea por medio de su sentido del humor o bien por su enorme inteligencia reflexiva –en unas ocasiones tierna, y en otras ocasiones más directa-. Y a la vez que seduce Sampedro con sus palabras en boca de un Bardem mucho más que inspirado, y bastante más allá del estado de gracia, seduce Alejandro Amenábar con un estilo más emotivo que emocionante, que en ocasiones abusa de una banda sonora que subraya en exceso lo que no hacía falta subrayar, teniendo en cuenta los elementos con los que ya contaba. Aún así, se trata de una de las experiencias más impactantes y agradecidas de los últimos años.