El hundimiento ****
Autor: Alfonso Gómez Ruiz
Una película que es más que un personaje, al contrario de lo que parecía. “El hundimiento” no sólo es Hitler, ni los nazis. Esta impresionante película alemana es la crónica de una ciudad asfixiada por varios frentes: Berlín. Asombra ver aparecer a Bruno Ganz, porque realmente parece que se ve aparecer a Adolf Hitler y de verdad que eso resulta cuanto menos escalofriante. Y asombra contemplar la ciudad de Berlín desde todos sus ángulos, porque realmente hace que nos situemos en ese lugar y en esa época. Pero aparte de esos logros que de antemano ya tiene el filme, se trata de una propuestas sumamente arriesgada, y es que todos los protagonistas y por ende, casi todos los personajes de la película de Oliver Hirschbiegel –“El experimento”-, son nazis. Por tanto, durante sus dos horas y media, no se puede ver esta película desde otra perspectiva que desde la frialdad con la que se contempla un documental sobre un asesino. Otro elemento arriesgado del filme es sin duda la humanización que se hace del personaje de Adolf Hitler, pero esto no termina resultando un despropósito, y sí lo haría desproveerle de ese mínimo de humanidad, pues no resultaría creíble –hace tiempo que quedó atrás demonizar caricaturescamente a los grandes tiranos de la Historia, pues no conduce a ninguna conclusión productiva sobre el por qué de los hechos más despreciables-. Aún así, “El hundimiento” presentaba un riesgo aún mayor, que era dramatizar esa caída del nazismo, dramatizar la llegada de los rusos y la visión de un Berlín inevitablemente sitiado. Y por desgracia, se acaba cayendo en ello, puede que por querer ser esa gran película sobre el final de la Segunda Guerra Mundial, la película definitiva sobre la caída del nazismo, por querer abarcarlo todo, incluída la emoción del espectador; y eso es un fallo considerable, bastante considerable, pues no se debe dramatizar en una película en la que estos tipos son los protagonistas –yendo más allá de lo estrictamente moral-. Aún con todo, se trata de una gran película que, además de producir verdaderos escalofríos, constituye un documento imprescindible, que debe verse con mirada limpia.