¿Arde Nueva York?, de Dominique Lapierre y Larry Collins

Autora: Virginia Isla García

Lapierre, Dominique y Larry Collins, ¿Arde Nueva York?, Barcelona, Planeta Internacional, 1ºed. Marzo 2004.

El 11-S, Afganistán, Irak, han reforzado con muros de hormigón (similares a las verjas de la reserva de palestinos que Sharon se está construyendo en nuestro Próximo Oriente) las afiladas críticas que la política exterior del gran magnate de la economía mundial, EEUU, ha levantado en el resto del planeta, con especial fuerza, quizá, en nuestra experimentada Europa. Chistes protagonizados por George W. Bush y calificativos como “radicales, ignorantes, ambiciosos” y sobre todo, “peligrosos” apuntan en la calle a sus principales colaboradores en el gobierno. Incluso se premian documentales que satirizan, con dardo envenenado, la pasividad del americano medio ante la progresiva supresión de sus libertades o ante la corrupción política, el nepotismo que se practica sin disimulo entre sus dirigentes.

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Por eso, cuando uno abre un libro titulado ¿Arde Nueva York? lo que espera es encontrar o sesudos análisis sobre el por qué y el cómo de la llamada “Guerra contra el Terrorismo” (¿o Cruzada?) o sátiras acerca del otro por qué, ése que se intuye y se discute en las charlas de café. Buscamos política. Y lo que encontramos se asemeja demasiado a una película de Hollywood donde todos están tan entregados a la “causa” y son tan leales a su presidente que la sobrecarga de buenas intenciones que equipa al argumento llega a hacerse un poco indigesta. Amén de aburrida, de puro previsible.

Tres terroristas con la ayuda de Al Qaeda, y como último deseo del dictador Saddam Hussein logran introducir un bomba atómica en el mismísimo corazón de Manhattan. George W.Bush y su gabinete de crisis dispone de las horas comprendidas entre este 23 de septiembre y su 30, viernes, para obtener de Ariel Sharon la evacuación de las colonias judías en tierra palestinas y la renuncia a construir más en el futuro. El triángulo Jerusalén, Washington, Nueva York, con alguna digresión al escondite de Ben Laden y a Pakistán, país al que se le ha sido substraído la bomba como instrumento de la Yihad encierra en horas de angustia y de fría lógica a personajes como el alcalde de Nueva York Bloomberg, el secretario de Estado Colin Powell, el vicepresidente Cheney, el radical israelí Beilbelman o a la consejera del presidente norteamericano, Codolezza Rice.

Quizá porque a lo largo de los últimos meses de periódicos, especiales informativos y boletines radiofónicos se nos ha vendido una determinada imagen de la personalidad de algunos individuos ya mencionados o bien porque, simplemente, sus declaraciones por escrito pueden darnos la impresión en abundantes ocasiones de ser “algo” partidistas, demagógicas, exageradas, la cuestión es que las intervenciones reflexivas, tolerantes y pacifistas que los dos autores encadenan a los principales colaboradores de George W. Bush y a éste mismo no terminan de convencernos, especialmente en el caso de la consejera Rice, cuyo sentida compenetración con el co-creador de la bomba pakistaní y cómplice en su robo cojea en credibilidad.

Dominique Lapierre y Larry Collins anhelan la comprensión entre culturas y la inmediata paz que conlleva esta tolerancia; discursos como el de su Bloomberg (pp. 277-278) son clara muestra de ello. Convencidos del buen corazón de la gente “de a pie”, se preocupan en explicar las circunstancias que llevan a sus jóvenes terroristas palestinos a inmolarse junto a la fatídica bomba, vidas arruinadas en campos de refugiados y posteriores ejércitos que enarbolan su propio Corán para justificar su odio a Occidente.

El derecho histórico sobre la franja palestina-israelí al que el gabinete de Ariel Sharon (no tanto el moderado Eduh Levy) se aferra para mantener y ampliar sus colonias no es extensible a todos los israelitas. De hecho, muchos de ellos, pese o tal vez por, el amor que procesan hacia su tierra se oponen a éstas, causa de permanente conflicto y razón de ser de muchos de sus impuestos. Lamentablemente, los buenos sentimientos por sí solos no suelen llegar a puerto. Y tampoco pueden dotar de vida a un libro cuyo argumento no acelera el corazón del lector, que por fuerza, cae en picado de espectador atento a lector escéptico.

Comentarios

...quizas no venga al caso, pero despues de tanto navegar por internet, por fin e encontrado una página para enviar un correo al Gran Dominique.
Como muchos (imagino), soy una eterna admiradora del eterno admirador de la India. E aprendido, e llorado y reido, inpresionado y desepcionado, mil sentimientos de amor que e descubierto con los libros escritos sobre la India.
Espero con mucho anelo tener algun tipo de respuesta, aunque sé que es difícil, no perderé la fé en que algun día podré, al igual que Dominique, ayudar a la Hermana India, a gente como Padmini, Ratna Nadar, Rahul, o los grandes habitantes de Anad Nagar.

Bueno, como el comentario era sobre el libro, debo confesar que aún no lo leo, pero en cuanto tenga los recursos necesarios para hacerlo, lo haré.

Con mucho afecto y en espera de una respuesta se despide cordialmente...
Bárbara Reyes, Chile.

Posted by: barbara en: Marzo 21, 2005 09:54 PM

Me gusto mucho el libro , mas grandes que el amor, pienso que te trasladas al meollo de la miseria humana.Tambien deja ver que aun en medio de situaciones injustsa la humanidad se porta mas injusta y esto lo hace atendiendo a sus intereses . La proxima semana tengo que exponer el libro ante mis companeros de Veterinaria y seria muy feliz sirecibiera alguna ayuda adicional

Posted by: Marlon en: Abril 20, 2005 04:31 PM

I agree with you about the way you view the issue. I remember, long time ago, Jack London said something like "Everything positive has a negative side; everything negative has a positive side." I also find it interesting to see different points of views and learn useful things in the discussion.

Posted by: penis pills en: Junio 11, 2005 11:16 PM
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