Kafka ante la ley

Autor: Daniel Alejandro Gómez

DANIEL ALEJANDRO GÓMEZ

Daniel Alejandro Gómez, de 30 años, es argentino y vive en España, en Gijón. Estudió Letras y Análisis de Sistemas. Ha publicado dos libros electrónicos: Sembrar palabras (ebf press, España), novela, y Escuchando el silencio (Libronauta, Argentina), libro de poemas. Colabora regularmente con publicaciones de la red con poemas, cuentos y ensayos literarios. También ha publicado en antologías impresas y en periódicos. Suele leer mucha literatura anglosajona, en especial Shakespeare y Wilde. También le gustan mucho los cuentos de su paisano Borges y ciertas novelas de Carpentier. Nos ha comentado además su reciente afición por el dibujo.

KAFKA ANTE LA LEY

Es evidente que en El proceso nos encontramos ante un símbolo. Cuando hay un símbolo- en verdad, cuando hay texto, cuando hay lenguaje-, se corre el riesgo de la sobreinterpretación. La intención del autor es desmenuzada desde los diferentes campos de su biografía. Pero el Kafka humano y la obra biografista de Kafka son complejidades que la ciencia no puede acotar. Podríamos analizar, en efecto, a El proceso como un símbolo de la relación de Kafka con su prometida, Felice Bauer, como burla al funcionariado Habsburgués, como desesperanza ante el sistema legal, y varias posibilidades más que son válidas e incluso complementarias. Sin embargo, desde el texto mismo, la escena final de la edición que se dio a conocer luego de la muerte del autor, con el sacerdote hablando en la catedral con Josef K., en un acento misterioso y de rasgos sabios, nos hacen pensar que el eje del relato podría estar allí, o tal vez que lo más sustancial de la novela, la intentio operis e incluso la intentio auctoris, se encontraría estructurado en y alrededor de la parábola final del sacerdote: Ante la ley, una interpretación válida también, pero quizá preeminente. Tal vez nunca sabremos de la poca sondable intención del autor, pero sí del facto textual. Allí el sacerdote, el más importante vínculo de K. con el tribunal de El proceso, revela una especie de mística o religión jurisprudencial, una especie de salvación encarnada en la verdad-ley.

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Un día, sin saberse porqué, Josef K. es arrestado por orden de una entidad misteriosa; lo que se dará en llamar el tribunal. Se le informa a K. que, sin embargo, su arresto no es físico, incluso no está obligado al interrogatorio. Aunque el protagonista se declara inocente, no acepta ninguna de estas salidas. A partir de allí comienzan las peripecias de Josef K. entre la culpabilidad y la inocencia. Primero se declara inocente, pero luego duda. Sus relaciones con las personas, en general, sólo sirven para acercarse al tribunal. Por fin, luego de rechazar la ayuda de un abogado, un pintor le informará más detalladamente acerca del tribunal, antes de la entrevista con el sacerdote en la catedral. El tribunal jamás absuelve, comprende K. Entonces al final de la novela, cuando Josef K. no se sabe culpable ni inocente, aunque quiere defenderse, cuando, antes de su muerte, se va a encontrar con el sacerdote que está muy vinculado al tribunal, entramos, con la parábola del campesino y el portero, en todas las implicancias que subyacen a la historia. Allí el sacerdote le explica a K. que se engaña con el tribunal.
Un guardián, le cuenta, pues, el sacerdote al protagonista, cuando se le aparece a éste de improviso en la catedral, un guardián, de aspecto poderoso y temible, al que un campesino teme, vigila la puerta de la ley. Aunque la puerta está abierta, le prohíbe al campesino entrar, al menos por el momento, le dice. El campesino ve un aspecto temible y poderoso en el guardián. Sin embargo, éste le invita a pasar, aunque le recuerda su prohibición y su poder. El campesino, intimidado, decide aguardar y suplicar al guardián para el levantamiento de la prohibición. El campesino, empero, espera durante toda su vida, inútiles súplicas y sobornos. Al final de ella, viendo que una luz sale de la puerta, pregunta que, si ésa es la entrada a la ley, porqué entonces nadie ha venido a la puerta además de él. El guardián le contesta que ésa era su puerta, la única puerta del campesino, y que ahora debe cerrarla y el campesino, que ve la luz de la ley, muere entonces. El sacerdote, en la parábola, y ello es muy importante, dice a K. que el guardián pudo ser engañado; que él no conoce el interior de la ley, que es el simple portero de ella y que su vida estuvo dedicada tan sólo a servir al campesino. Pero lo más importante es que, en todo caso, sirve a la ley y no está sujeto a los hombres. Josef K. dice que, si hay que adherirse a la ley, hay que hacerlo con el portero que está a su cargo, pero que el portero, cuando habla con el campesino, no está en lo cierto, que también falla y no conoce la ley, como el sacerdote mismo le ha explicado, según algunas interpretaciones de la parábola. El sacerdote le explica a K. que, en efecto, el portero no dice lo cierto pero sí lo necesario. Y el protagonista de El proceso dice que la mentira se ha erigido en orden universal.

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Aquí se encuentra una disociación de ley y verdad. En la última frase de K. (en la desazonante palabra mentira) estaría el quid de la cuestión y la relación de la novela con el trípode verdad-falsedad-ley. La ley es un lenguaje que no corresponde a la verdad, pero que es tan necesario, quizá, como el tribunal de la ficción. El hombre es libre, el campesino es libre; sin embargo, padece; busca la puerta y aguarda la clemencia del portero. Quiere un orden, una ley; acaso un sentido existencial en una verdad jurídica. Pero unas fuerzas engañosas, poderosas, temibles, encarnadas en el portero y que tal vez residan en el interior del hombre mismo, le vedan sutilmente o no tanto la entrada a la luz veraz. Hay una importancia capital en la falibilidad o no del portero, y su dependencia o extensión respecto a la misma ley. Si el portero se engaña también, en este caso la ley es falsa. El hombre no podría llegar nunca a la verdad y al sentido.
El hombre buscando la ley ante el guardián, el tribunal que K. no rechaza porque no rehuye el arresto, siquiera “psicológico”, ni dejar de asistir al interrogatorio, nos muestran una humanidad buscando la verdad en la ley, buscando entrar por la puerta; pero la ley, el tribunal tan riguroso como erróneo, podrían ser imperfectos, como imperfectos son quienes buscan la ley-K. duda de su inocencia finalmente; también, como le ha dicho el sacerdote, se engaña en su propia búsqueda de la ley-verdad, y, al igual que el campesino de la fábula, muere sin haberla alcanzado-. Pese a que Kafka tejió un eficaz laberinto tanto en su obra como en su vida, uno de los significados de la novela podría ser nuestro hilo de Ariadna: La verdad, la luz de la puerta, se vislumbra ante la muerte y quizá se acceda a ella en la muerte misma. Siempre, claro, que el portero no se engañe y que exista la posibilidad de que la ley y la verdad puedan, al fin y al cabo, estar unidas.


Comentarios

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Posted by: LUIS ANGEL CONDORI MAMANI en: Noviembre 16, 2005 11:29 PM
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