serie Lavo-Mítico
Autora: Jessica Freudenthal Ovando
JESSICA FREUDENTHAL OVANDO
Poeta boliviana nacida en Madrid, España, el 6 de junio de 1978. Publicó Azul (1998) y Hardware (2004), poemario que obtuvo Mención Honorífica en el Premio Nacional de Poesía "Yolanda Bedregal" 2003. Ha colaborado en revistas literarias como Goliardos, Ad Livitum, 23 años 23 poetas, Abra Palabra, Signo cuadernos de cultura y otras. Su poesía ha sido recopilada en antologías de México, España, Perú y Estados Unidos. Participa también constantemente en revistas virtuales en internet, como Los Noveles, Letralia y otras. Asistió al XI Encuentro de Mujeres Poetas en el País de las Nubes 2003. Participó en la Feria del Libro del Zócalo "La ciudad un libro abierto, México D.F. 2003 y 2004. Dirigió los talleres de poesía "PoesiAcida" 2002-2003 en México D.F., así como el taller de motivación lectora "Leer es Crecer" para la DGTVE. Dirige la revista de arte y literatura "El mostro". Se dedica también a la traducción de poesía, y a desarrollar proyectos relacionados con el arte, la pedagogía y la promoción de la lectura. Contacto: serendipia_acecina@yahoo.com.mx

Su biografía en Hardware dice: Jessica Freudenthal Ovando nació en Madrid el 6 de junio de 1978. Actualmente vive en la luna y desde allí contempla la ciudad ladrillo. Es glamorosa, en stereo y totalmente reciclable, hermosa como una botella de cristal índigo llena de saliva. Dicen los gnomos del jardín que es orgiástica e indisciplinada, intuitiva, mordaz y belicosa.
SERIE LAVO-MÍTICO

palabierta
a Martes
Sentarte
sobre la palabra
noche
Posarte
mucho más allá
de toda oscuridad
Girar
la llave
del lenguaje
Tirar
las manecillas
del café
Abrir los ojos
ante el tapiz obsceno
oscuro
de esa
primera palabra
Blanco
El mito
platillo hondo
circular
La mesa del origen
ordenada
puesta
en la cabecera el hombre
la mujer a su izquierda
y la sal
junto a la fruta
atestiguando la incomodidad
del servilletero y su escote
Servidos
los ojos de Tiresias,
el cuello de Yocasta,
la boca de Antígona,
en salmuera
Los pies de Edipo
ven
El aceite
impregnado en el lenguaje
sobre la braza voraz del día
que mira el inicio
de una tregua
entre los platos rotos
Composición
Tener la sartén
por el mango
acariciarla
y observar
el pasado
Enjuagar
con la espuma del tiempo
sus marcas
las tuyas
todas
Mirar
tu reflejo
en el teflón
toda tu vida
pasa por delante
de dos hornillas
donde se ha quemado
parte de ti,
donde has sido
perdonada
y frita
en aceite de olvido
El utensilio
instrumento
de tu condición
gira un hotcake
con ayuda de tus dedos
que se incendian.
Y
así
te enseña
la otra cara
del destino.
La mancha
Para Anuar Elías
En el cuarto de la sirvienta
hay una pila
de palabras sin hacer.
Cuadros suspendidos
cegados
por el destello de bolsas plásticas
-tiernamente colocadas-
sobre la ropa que regresa
de la tintorería.
Fuera
el agua hierve la oscuridad
para convertirla en un tarro de café
que ahogue la rutina
y
luego sea el pigmento
del lenguaje
-nuestras sombras-
Las palabras se hacen
en el quehacer
de dos cuerpos que limpian sus heridas
desempolvando un futuro
inscrito ya
en una lengua nueva.
En el cuarto de la sirvienta
hay un lecho desvergonzado,
la cuna en donde duermen
todas las sílabas del mito.
Allí, entre nuestros pliegues,
damos a luz a un insospechado lenguaje
hecho de sustantivos cosidos a mano.
El estampado de las sábanas
inicia el ciclo,
el ritual del alboroto,
de la cama destendida
que promete
hacerse al día siguiente
para que de noche nos provoque
desordenarla otra vez.
Nuestras rendiciones
hilvanan la retórica de tus camisas,
mientras el esmero desea incluírse
en un recetario amarillento.
El tiempo
-en el cuarto de la sirvienta-
se tiende como la ropa-
y no existe alacena
en donde puedan caber
todas nuestras delicias.
Esa pequeña mancha en tu puño
hace de lo ordinario
una ferpección.
Remojas tus labios
en los tachones de mi libreta
me perdonas
mientras un pan pervierte
el sueño de nuestros libros.
Me preparas la cena
con un bocabulario
que desviste mis páginas en blanco,
y me pregunto si la sal
extraña al mantel inconsútil
que cubría la verdad.
Como una premonición
a medio abotonar
las vocales se desprenden de nosotros
para dar nacimiento
a nuestra primera palabra.
Incesticida
Al de los pies hinchados
Yocasta Yocasta
Yo
Casta
¿casta yo?
Si te he amamantado por las noches
en mi pecho
lavado con saliva
almidonado por tus labios
Yocasta
Yocasta
No se te quita
el percudido en el cuello
la mancha en el ardor
Incesto
Culpa
Lujuria
Amor
Para limpiar la verdad
Yocasta Epicaste
épica señora del desastre
picaste los ojos del destino
enjuagando culpas
espantando moscas
a la hora del té.
SELECCIÓN DE SUS POEMAS PUBLICADOS
Poema una curita
Tú no ves, con tus ojitos de botón,
que yo podría volarte la cabeza;
tu no escuchas,
con tus orejas de tuerca,
la música que engendra mi saliva.
Tu no sientes,
con tu corazón de pulga,
que mi corazón,
es de carne molida por tu culpa.
Y cada vez que me madreas
ni te fijas
que los moretones que me dejas
pintan un hermoso lienzo
en mi piel blanca
abandonada.
Y yo no entiendo,
como tú
con esos ojitos de botón,
tus orejas de tuerca,
el corazón de licuadora
y tu lengua de alfiletero,
puedes tenerme así:
Empolvada y tirada,
olvidada debajo de la cama,
con las piernas abiertas
y el vestido levantado,
la piel de porcelana y los labios de papel
toda enamorada
chorreándome
las ganas en las bragas.
Y yo no entiendo porque
dejo que me tengas así,
si yo podría volarte la cabeza....
(hardware 2004)
Circe no duerme.
Se le caen los párpados,
a pedazos,
pero no duerme.
Entre sus piernas
guarda el Vellocino
de ámbar violeta.
Circe no duerme.
Los argonautas
son inertes esclavos
de sus pestañas.
Circe no duerme.
Toca la piel
y la convierte en animal:
en perro, león,
cerdo, serpiente, araña...
Circe se unge de brebajes.
Circe abre las piernas.
Circe abre la médula.
La piel de Ulises es dura,
no cede fácilemente.
Circe abre la boca,
cierra los ojos,
aprieta la vulva.
Circe no duerme,
todavía.
Ulises la atraviesa,
mata sus sed sobre ella.
Circe distiende sus facciones.
Circe duerme ya,
no está el Vellocino.
Ulises está lejos.
Sólo está la muerte
circundando su lecho.
Circe duerme ya.
Jessica despierta.
Los muertos
Entrecerrados, harapientos,
ausentes y con grietas,
debajo de las sombras se esconden como arañas,
hierven oscuridades espesas y rasgadas.
Se afierran entre alambres,
entre bálsamos tramposos
a la tierra que se contrae.
Nosotros podemos nada
Decir nada Tocar nada
Oírnada Morir nada
Vivir nada
Sólo los entrecerrados y harapientos,
los que se quiebran y agusanan
pueden arder como las velas.
Nosotros sólo estamos
compuestos de agujeros:
El tiempo nos escupe.
Mesu Kleenex
"Sólo los entrecerrados y harapientos,
los que se quiebran y agusanan
pueden arder como las velas"
Solo los macerados y risilentos
los que se siembran y amilanan
suelen poner como las levas.
"Empolvada y tirada,
olvidada debajo de la cama,
con las piernas abiertas
y el vestido levantado,
la piel de porcelana y los labios de papel
toda enamorada
chorreándome
las ganas en las bragas."
Soy una merluza fálica,
que se desliza tras tu sonrisa
y no hay porcelana ni papel ni amor
para ahorcarme...pedos
