Pilar Rubio: notas robadas para disfrutar

Autora: Cidália Alves dos Santos

Reseña: Pilar Rubio Montaner, Notas robadas para paisajes, Béjar, El Sornabique, 2004.

En Notas robadas para paisajes, Pilar Rubio vuelve a utilizar la palabra como instrumento poético, después de haber prescindido de ella en su trabajo anterior, Álbum Codificado. En este nuevo trabajo, la autora se aparta voluntariamente de una poesía intimista y sentimental, tomando como punto de referencia la realidad exterior, en este caso la naturaleza, como el título en un principio nos indica. El sentido y capacidad de observación de un espacio natural circundante, en tiempos cada vez más urbanos, es sin duda una característica de esta autora que nos lo había demostrado anteriormente con Últimas Nubes, por ejemplo, aunque en esa obra la fotografía era el elemento comunicativo central. Pero en Notas robadas para paisajes quizás no sea la observación de la naturaleza lo más importante, sino de la palabra, a la Pilar Rubio da aquí una importancia fundamental, aunque considere que no es la poseedora única y exclusiva de la poeticidad.

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En la primera parte, “El alfabeto caprichoso de las plantas”, los poemas son simples listas de plantas por orden alfabético. Así, por ejemplo, el primer poema, “Ala de ángel”, encontramos ocho nombres de plantas empezadas por la “a”. Nada más sencillo y, si embargo, más bello. Pilar Rubio recoge los nombres olvidados de la naturaleza que en su expresividad adquieren un valor altamente poético. El lector, a través de la palabra, puede ver el color del lirio nevado, imaginar la fragilidad del nometoques o la gran belleza del nomeolvides. La última parte, “Del libro de los mapas humanos”, sigue el mismo esquema, pero ahora usando nombres de ríos, montes, montañas, etc. Destacamos uno de los poemas:

CITAS

Río Besos
Bahía del Encuentro
Fuente Feliz
Rada del Cariño
Ribera de Amor
Sierra Alcoba
Peña Olvidada
Sima de las Falsas Esperanzas

Los paisajes son simplemente pretextos para jugar con las palabras. Por eso, como hemos señalado, la observación de la naturaleza no es lo fundamental, sino la observación de las palabras: subyacen a los poemas libros de botánica, mapas, enciclopedias, etc., aunque la función referencial del lenguaje, en el contexto de la obra, se metamorfosee en función poética. Lo que en un mapa es simple información, en los textos de Pilar Rubio se transmuta en poesía.

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La segunda parte del libro, “Pequeñas geografías”, recoge la palabra de otros autores sobre la naturaleza. Alejo Carpentier, Pablo Neruda, Max Frisch, Fernando Pessoa y Eduardo Fraile Vallés son solo algunos de los nombres que Pilar Rubio llama a su obra para aportar una visión única y singular sobre ese tema común.
La tercera parte, “Nueve cantos libres”, es una de las más interesantes al aunar palabra e imagen. Cada poema se compone de una sola frase que define de forma admirable el canto de un pájaro; al lado, el sonograma real de ese canto. De esta forma, el poema no es solo palabra, pero también imagen; cada uno de los sonogramas, en este contexto, es por si mismo un poema visual que evoca no solo un sonido, un canto, sino también un movimiento, un vuelo, un aletear. Por lo tanto, Pilar Rubio no abandona del todo la imagen como instrumento poético; la suma a la palabra, armonizándolas en un único poema evocador de sueños.
Esta obra consiste efectivamente en notas robadas a los mapas, a los libros de botánica, a otros autores, pero siempre con la misma finalidad: el disfrute de la naturaleza y sobre todo, de la palabra transformada en poesía. Al leer este libro, el lector siente que, al final, los paisajes de la naturaleza son secundarios; los recorridos por la naturaleza son meros pretextos para llevarnos de la mano por los nombres más bellos que existen en el mundo natural; el referente pierde importancia frente a la palabra que lo nombra; el paisaje más importante es, al final, el poético, plenamente logrado en esta obra de Pilar Rubio.

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