El lunar y otros relatos

Autora: Roxana Heise

Roxana Heise nació en Victoria (Chile) el 20 de abril de 1964. Vive en Concepción.
Enfermera de profesión. Sus textos han sido publicados en la revista "Escribir y Publicar" de Editorial Salvat, revista periférica ( Portugal), Repertorio Latinoamericano (Argentina), Revista Nitecuento, Gibralfaro.org, El Escribidor, Revista ADES, Divague.com, ALMIAR, Revista Libre Internacional, Los Nóveles, Mis escritos.com, Revista Expresiones, Boletín de literatura Aledaños, Culturízate.com, Bestiario, revista de contos. etc.
El año 2001 obtuvo mención de honor en concurso de cuentos breves "Alfred Hitchcock".
Seleccionada para antología “Los magos del cuento”, ediciones El salvaje refinado, U.S.A 2001.
Finalista año 2004 concurso “Civilia, todos somos diferentes”, publicada en antología “Libertad bajo palabras”.
Recientemente traducida al portugués por Fernando Gouveia para revista periférica.
Sus autores favoritos son: Flaubert, Dostoievski, Irene Némirovsky, Hermann Hesse, Truman Capote y Eduardo Galeano.


EL LUNAR


Este extraño lunar que crece y crece, piensa él cada mañana frente al espejo. No es que sea grande grande, sin embargo, a él le parece que está cada vez más puntiagudo, que adquirió de pronto el carácter de una montaña, después de haber sido sólo un punto muerto en medio de la cara. Y no es que le preocupen las marcas en el rostro y esas tonterías, es sólo que él, está consciente de la azarosa lucha por el sustento diario y de sus graves problemas económicos, protestos piensa, mientras se rasca el lunar y le mueve sutilmente la cúspide. Vendrán los acreedores y lo coge de la base, incrustando levemente la uña de su índice derecho. Aquello del jefe fue una chambonada, mire que considerarlo incompetente, bueno, son cosas que pasan. Apoya su rostro sobre el espejo, el lunar no lo percibe y parece no existir, la humedad de su respiración empaña sus facciones, lo vuelve dúctil y etéreo como la nada. Piensa que esta vez todo acabó, que hoy recibirá el sobre azul, quizás sí, quizás no. Su esposa ignora la situación, sus hijos juegan a ser grandes en la habitación contigua mientras él se aleja del vidrio, su rostro está sudoroso, el lunar sigue allí, más grande aún, en verdad piensa, esta vez ha crecido demasiado, su tamaño se ha vuelto cósmico, será mejor que lo extirpe.


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ODIO


Tardaste siglos en confesar que me odiabas. Fatalidad esta, la de vivir encrespándole las pestañas al tiempo con la esperanza de recibir algo de cariño. Cuando te serví el desayuno por la mañana esperaba una sonrisa de tu parte, pero: ¡nada! Más fácil habría sido afeitar al gato angora del vecino. Estabas acabado, dijiste, así no más, sin inmutarte. Llevabas semanas sin dirigirme la palabra y supuse, que un poco de seducción de una mujer experimentada acabaría con ese climaterio tuyo de macho criollo. Afeité por primera vez mis piernas en los últimos diez años, quité el bigotillo aquel que me confiere un aspecto singular, en fin. Pese a estar gorda siempre pensé que mis camisetas XL te enloquecían. Me equivoqué esta vez y la hice fea. Soy la madre de tus hijos, argumenté, la que estuvo contigo durante la crisis económica, ¿recuerdas?, la que aprendió a cocinar cáscaras de tomates sólo para no verte sufrir de inanición. Me miraste con la lejanía que confiere el dolor cuando es dosificado en la jeringa del tiempo. También estás acabada, dijiste sin hablar. Luego, en un gesto de crueldad incomprensible, pusiste el espejo delante mío. ¡Es mi cuerpo!, exclamé, es apenas mi cuerpo. Luego quebraste el cristal contra la pared y aseguraste que me odiabas. Abriste la puerta sin voltear. ¡En mala hora erré el lanzazo del vidrio rota contra tu rostro!



PROMESA

Ella en verdad seduce. Te mira con ese rostro planetario y te deja boquiabierto de esperanzas, empapado de sueño. Y aunque su pletórica apariencia te traiga rodando y sepas de su mala reputación no puedes evitarla; te entregas a ella hasta que su cansancio y su condición de pretty baby de los caídos, te arrojan habitación abajo, condenándote a vagar incesantemente, entre callejuelas y conventillos grises, donde te extingues hasta fusionarte a la oscuridad de una noche vil y metalizada que te la nombra: Promesa...Promesa. Corrompiste tu origen transparente para venderte al mejor postor. Oyes rumores de que la han visto en alguna plaza eclipsando multitudes, que te engaña con un hombre público(un político exactamente) y le vuelves a gritar: ¡Promesa! Y ella no responde y no responderá, pues sabe bien que tú has dejado de creer en su palabra para siempre y prefieres continuar tu indigente travesía, callejón abajo.

EL NENE


El Nene no cesa de reír en la esquina de siempre, mientras golpea las horas al ritmo de las monedas que infatigables, claman misericordia desde el fondo de un tarro. Y pese a que la gente lo mira con resquemor, siempre logra su objetivo; cuando se inclina en todo su porte hacia adelante flectando aún más sus rodillas semianquilosadas, destacando su apariencia retorcida, la mirada al garete, la sonrisa babosa desviada hacia el hombro derecho que parece succionarle parte del mentón, dejando al descubierto el impétigo gigante de su oreja izquierda. Pero a él nada parece importarle, salvo aquella esquina que lo acoge en su vientre de asfalto, como a un hijo convulso jugándose la vida, esperando que llegue la tarde junto con El Pulento y su clásica pregunta: ¿Cómo estamos Nene?, aún sabiendo que la respuesta es siempre la misma , pues El Nene se las gana a todos; ni Gotzila ni El Pirata, ni siquiera El Cortaíto recaudan tanto dinero y nadie hace la entrega como él; con la alegría torrencial de sus carcajadas que parecen amplificarse a lo largo de la calle, para sólo extinguirse, ante el “Buen chico” que pronuncia El Pulento, mientras le acaricia el cabello seboso para luego preguntarle: ¿Qué más tenemos amigo? Amigo responde El Nene, mientras le entrega las monedas rezagadas en los bolsillos. Amigo, amigo, repite finalmente con las manos vacías.

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Microcuentos


ULTIMA NOCHE


Para pasado mañana, cuando tu reloj y tu boleto de tren anuncien las ocho y quince, yo habré amanecido en el calendario, sabiendo que esta, nuestra última noche, al igual que tu amor envejecieron de golpe.


ANIMADVERSIÓN


En el palacio de la gula, gatos y ratones jugaron al pillarse. Era imprescindible la presencia de unos frente a otros odiándose a muerte.
Cuando los ratones se marcharon para siempre, ocurrió que todos los gatos se volvieron vegetarianos.


Hechizo

Me hechizaste bruja, me has convertido. Soy sólo un remedo de mi mismo.

Amor viajero

Por última vez, tú y tu maleta pidiéndome explicaciones. Otro viajero llegó, esta vez para quedarse.

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