Reseña a Cordura y locura en Cervantes de Castilla del Pino

Autor: Gonzalo Martín de Marcos

ENSAYO
Título: Cordura y locura en Cervantes.
Autor: Carlos Castilla del Pino.
Editorial: Península, Barcelona, 2005.

Carlos Castilla del Pino es un psiquiatra humanista, amante de la literatura. Nació en San Roque, Cádiz, en 1922. Estudió Medicina en Madrid, donde se formó como psiquiatra en el Hospital General durante ocho años. Desde 2003 es miembro de la Real Academia Española de la Lengua.
No obstante su oficio, Castilla del Pino se aleja de enfoques mentecatos corrientes en colegas suyos que se han interesado por el Quijote y sus personajes. Posee una enorme cultura, una indiscutible profesionalidad y una mirada perspicua capaz de argumentar con un estilo clásico de rigor y evidencia. Si así no fuera, lectores como yo accederíamos mal, trabajosamente, a contenidos de tal hondura, que el autor, sin embargo, va desenvolviendo, retórica y didácticamente, a la velocidad precisa.
El libro lo constituyen siete ensayos sobre el Quijote, cuyos títulos, por sugerentes, merece la pena consignar: “Cervantes y la construcción del personaje”, “La lógica del personaje y la teoría del Quijote en Torrente Ballester”, “La muerte de don Quijote”, “Alocución del encausado”, “Idea de la locura en Cervantes”, “Teoría de los celos en Cervantes” y “Quijotismo y bovarysmo: de la ficción a la realidad”. Una idea axial se halla en todos ellos, raíz del interés del autor por la literatura en general y en particular por el Quijote: “La literatura ha sido una teoría del hombre, y la historia de la literatura ha sido y es, sin ninguna duda, la fuente primordial para dictaminar la historia del conocimiento del hombre por los otros hombres, lo que los hombres han ido sabiendo del hombre mismo, pues la literatura tiene más años, muchos más, que la psicología, el psicoanálisis, la antropología cultural, etc.” Y, en particular, el Quijote es parábola de la vida humana, de la totalidad de la vida humana. Es, para Castilla del Pino, la vida misma.
Por ello, don Quijote, el alter ego de Alonso Quijano, es una ficción necesaria en la interacción con los semejantes. Don Quijote se construye como un personaje ficticio sobre otro real (dentro del universo novelesco) para que éste pueda relacionarse con el mundo. Asimismo, el ser humano se expone ante sus semejantes tras la apariencia de ficciones similares, diversas y múltiples, imprescindibles en la interacción humana. Nos revestimos de personajes en nuestro intercambio social, afectivo, etc.
Paradigma de la persona, si la novela es parábola de la vida humana, lo es el personaje; y si la persona tiene personalidad, éste presenta ‘personajeidad’. No conviene, advierte el autor, aplicar una diagnosis a un ente de ficción, porque un personaje no tiene, sino en la medida en que se parece a las personas, una psique analizable, sino una lógica verosímil o coherencia interna suficiente, integrada por una dosis mínima suficiente de realidad, con que nos conformamos los lectores. ¿Y cuál es, pues, la lógica de don Quijote?: la que descansa sobre un rasgo fundamental compartido por nosotros, a saber: el anhelo de llegar a ser, ser alguien. Cuando ello es imposible reduciéndose a Alonso Quijano el Bueno, se pare un nuevo yo que goce de esta virtud. Cuando ser alguien se convierte en irrealizable, se precisa una nueva identidad fantástica que lo sea en la fantasía.
Si don Quijote es un una ficción sobre otra ficción (esta real, aceptado el pacto de credulidad que ofrece toda novela), a la hora de la muerte del caballero, Castilla del Pino sentencia: “Mi tesis es que don Quijote no puede morir.” Sólo el hidalgo manchego muere; tras él, desaparece su criatura: don Quijote. Podría haberse esfumado éste sin el fenecimiento de aquél, pero el arraigo es tan hondo que debe aguardarse hasta el final físico del sujeto que lo genera. Autor y lectores sentimos, víctimas del mismo engaño, que es don Quijote quien muere, y así lo cuenta el narrador. Cuando la identidad ficticia absorbe enteramente a Alonso Quijano el Bueno, la desaparición de aquella deja un individuo inane, y ello conduce a la muerte de la persona.
El delirio es, para Castilla del Pino, un error necesario. Una desviación de la razón transitoria conviene al ser humano. Cuando esta desviación se vuelve permanente, cuando la fantasía sustituye peligrosamente a la imaginación (véase la interesante distinción que hace el autor entre ambas potencias de la mente), surge la locura. La locura es, pues, un recurso vital semejante a la cordura. Todo cuerdo toma medidas para se quien es; el loco adopta medidas desaforadas. Ambas, dice el autor, son para Cervantes formas de vida parangonables.
El último capítulo, el más complejo, entraña un extraordinario interés, por cuanto trasciende, a partir de dos conceptos como bovarysmo y quijotismo, a cuestiones epistemológicas de hondo calado. Los grandes autores de la literatura universal lo fueron, más allá de sus sencillos méritos literarios, por alumbrar personajes -personajeidades- que se han llegado a convertir en preestructuras psicológicas, instrumentos analíticos casi, muy útiles para comprender a las personas. Pareciera que antes de 1605 no hubiera personas que pudiéramos llamar ‘quijotes’, o ‘bovarys’. Ello le hace interrogarse al autor sobre la orientación del conocimiento que parte de la etérea teoría para hallar después, en la realidad, ejemplos perfectos de sus rasgos definitorios.

Comentarios

Hey yo ando buscando la reseña de Don quijote. Si la tienes me la puedes hacer llegar?..

Posted by: Manuel Ortega en: Diciembre 8, 2005 05:24 PM
Escribe un comentario









¿Recordar información personal?