Poemas inéditos
Autor: Pablo Valdivia

Pablo Valdivia Martín, nacido en Granada en agosto de 1981, es licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Granada y se encuentra cursando los estudios de otra Licenciatura en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada también en esta Universidad.
Su interés por la música y otras disciplinas le llevó a realizar estudios del Grado Elemental en el Conservatorio Superior de Música de Granada y a formar parte de un grupo de teatro durante el Bachillerato, con el que participó en el Festival Internacional de Teatro para Jóvenes de Grenoble en el año 1999, y a publicar críticas teatrales para la Revista Abecedaria del Teatro Alhambra de Granada durante los años 1999-2000. Comenzó escribiendo artículos de opinión en la sección Tribuna Abierta del periódico Ideal de Granada y, desde su aparición en octubre de 2003 hasta hoy, colabora semanalmente con una columna en el periódico La Opinión de Granada, bajo el título genérico de Penúltimos.
Durante el curso 2002-2003, disfrutó de una beca Erasmus que le permitió estudiar en la Universidad de Nottingham, en sus departamentos de Critical Theory and Cultural Studies y de Hispanic and Latin American Studies y ser tutor de alumnos en el Willoughby Hall de ese campus. A partir de septiembre de 2004 se incorporará a este último departamento de la Universidad de Nottingham como Teacher Assistant, donde además continuará sus estudios de doctorado bajo la codirección de los catedráticos Richard Cardwell, Bernard McGuirk y Andrés Soria Olmedo.
Ha publicado poemas en la revista literaria Letra Clara de la Facultad de Filosofía y Letras de Granada y cuenta con varios títulos aún inéditos. A uno de ellos, el titulado El nombre de los años pertenecen la mayoría de estos poemas.
(si yo me llamara)
Si yo me llamara Pablo
me gustarían los besos,
el atardecer, la noche,
y vivir siempre sonriendo.
Si yo tuviera ese nombre
me gustaría ir al campo,
vivir de cosas pequeñas
como el cielo de tus labios.
Si yo me llamara Pablo,
los castaños, los mayores,
la música, los amigos,
las luces que se recogen
en tu pelo o la memoria,
latirían en mi cuerpo
dominando poco a poco,
el paso vivo del tiempo.
(hoy es siempre todavía)
Hoy repaso en sosiego los nombres de mis años,
buscando en su reflejo los semblantes sinceros
que me han acompañado y han compartido besos,
historias de familia, luces tristes y pasos.
Y en su memoria tibia el tiempo se dilata,
se expande al infinito de momentos felices
derramados en todo, como una flor decide
abrirse al cielo vivo del mundo y la mañana.
Mi edad es una sombra de rostros y de manos,
de viajes y de libros, de fotos amarillas
sonriendo un sólo instante con ternura al pasado.
Ya no duermo con miedo. Habito en la alegría
de las cosas pequeñas y los lugares calmos
que poco a poco encuentro latiendo en la ceniza.
(maletas)
Las maletas soñaban en secreto
risas de agua extranjera, eran yunta
fugitiva tirando de la punta
de mi rostro cansado, triste, quieto.
Las maletas guardaban ecos diarios
de las calles ruidosas, ocres pasos,
ilusiones de un niño, pies escasos
de caminos, semblantes solitarios.
Las maletas soñaban ver las radas
de los puertos de todos los lugares,
donde el tiempo es amable y silencioso.
Las maletas dormían agotadas,
sin reflejos de sueños ni de mares,
la quimera de un viaje luminoso.
(tarde de febrero)
Cuando el blanco se derrama
por los almendros, el campo
murmura pasos en calma.
El camino es un letargo
de lumbre que se desangra
y el cielo un reflejo pardo.
Por las tierras de ceniza
el sol vacila en el gesto
de las siluetas esquivas.
flor
La sombra desnuda aguarda
a otra sombra que no llega.
La espera es una flor agria.
extranjero
Mirar rasgando un espejo
y no ver más que palabras:
el alma del extranjero.
campo
Hay un niño tierra adentro,
que duerme sobre hojas secas.
El campo late en su pecho.
diciembre
Mediodía de invierno,
caminos silenciosos
por donde la luz tiembla.
El agua de diciembre
es voz que se levanta
por la acequia a tus ojos.
Mira, pasa, sonríe,
te llama por tu nombre.
Sois el mismo. Piel, agua,
cuerpos que asola el tiempo.
recuerdo de mi abuelo
No bailará la luz
en tu regazo. Triste
perseguirá tu gorra
el rastro de la tierra.
Yacerán con la aurora
tu recuerdo y tu voz.
Tu sombra buscará
el rumor del olivo.
Silencio por tu nombre.
Silencio por el viento.
(río)
A veces en las tardes
el río evoca el ruido
alejado del mar
a través de las hojas del castaño;
con su ruido regresan
miradas tan escuálidas
como nubes de estío.
Esas miradas luchan
contra el curso del agua,
intentan escalar
de chilanco a chilanco
para asaltar el tiempo
y vencer la nostalgia.
Son como mis recuerdos,
ilusiones que doma la corriente.
(música y carne)
Esta música viene de la raíz profunda
del estigma y la sombra que sigue nuestros pasos
cuando viajamos solos por las calles inciertas.
Llega del interior de los cuerpos heridos,
de las ciudades tísicas donde agoniza el cielo
y guardan el secreto
las mejillas sedientas de caricias y sangre.
Londres rebosa este himno
en las esquinas muertas de las mañanas frías.
Sólo hay que detenerse
a escuchar su voz rota,
acompañando el trazo firme de nuestra cara.
Somos música y carne,
melodías que extingue el murmullo del alba.
(soledad)
Muere lluvia tranquila
de los atardeceres,
en la piel de los niños.
Juegan cerca del lago
mientras un velo lento
los envuelve con calma
hasta que se evaporan
en la luz densa y triste.
Soledad era esto.
El frío del silencio
murmurando en los huesos,
la prisión infinita
de la que nadie escapa.
(22.03.03. manifestación)
Mis manos estuvieron
en aquella ciudad, cuando el Támesis vivo
desbordó su camino
por las calles de Londres vertiendo la esperanza
del agua y de la gente.
Mis manos paseaban
cogidas a las tuyas
tranquilas y serenas,
mientras entre las voces de aquel río incesante
nos besamos sin miedo.
Más tarde nos dijeron
que todo era mentira,
que nunca nos besamos, que la piel era niebla,
que millones de labios y sonrisas
eran relatos muertos y fantasmas dormidos.
Han pasado las nubes
y mi boca aún sigue encontrando la tuya,
y estas manos delgadas viviendo entre tus manos.
Querían que olvidáramos,
pero los cantos firmes
de aquel día sonriente
palpitan como entonces, libres en nuestros besos.
(adiós londres)
Londres desde los cielos es una flor nevada
que no termina nunca.
El invierno ha colmado
la sombra de mis ojos con su nostalgia viva
y el eco anaranjado de los techos helados,
para que así recuerde
cómo en Londres un beso, en alguna avenida,
agota su rumor y quiebra mi esperanza.
Londres es la metáfora de un río
sin salida,
la ficción de un amor
que se duerme en la tarde.
requiero`poemas teatrales pronto porfavor......
grasias por su atencion.
Posted by: ronal en: Agosto 30, 2005 01:52 AMhola desearian que me manden porfa poemas de musica porfa bye
hola,soy Jessica he leído tus poemas y me han gustado mucho, Pablo.Adiós. Hasta pronto. Un beso de mi parte.
Posted by: Jessica en: Enero 13, 2006 12:12 PM