La liberación masculina desde el interior

Autor: David Pérez Rodríguez

Este mes me complace hablarles de una obra no excesivamente literaria, pero de alto interés cultural. De ahí que haya considerado que merezca por derecho propio constar entre las magníficas páginas de Imaginando. Se trata de una obra de Brigit Engel, titulada Los calzoncillos (Berlín, Feierabend Verlag, 2003). En un formato muy curioso y poco usual en el mercado, tapas duras y una foto de cubierta muy sugerente la autora recorre toda la historia de la ropa interior masculina desde sus orígenes primitivos en Egipto o Roma hasta llegar a nuestros días. Pero no acaba ahí el contenido, sino que además dedica unos capítulos a los tejidos de que se compone la ropa interior masculina, el cuidado, el lavado o la eliminación de diversas manchas rebeldes que puedan aparecer en la ropa interior, algunas de ellas bastante improbables, dicho sea de paso.

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La obra, que va adornada con cientos de fotografías de modelos recortados desde el ombligo hasta medio muslo, me pareció interesante, no por la descripción que hace de cada tipo de prenda íntima que hoy se puede llevar, sino por el alegato a la modernidad que desde sus páginas hace. Por fin aparece una guía que ayude a orientarse a los hombres en su decisión de comprarse sus propios calzoncillos, labor que hasta hace bien poco hacían las parejas de los susodichos, y por fin alguien se atreve a criticar los horribles calzoncillos de todo a 100, estampados con ridículos perritos o dibujos de Spiderman. Es como la Guía Campsa del interior masculino.

Estas obras que cada vez aparecen con más frecuencia merecen una opinión muy positiva por mi parte, pues contribuyen a la liberación masculina. De ahí el título de mi artículo. Si bien es cierto que no muchos hombres han comprado este libro, tal vez más por el qué dirán que por el gran interés que pudiera suscitarles, los pocos que han llegado a esta Biblia del interior habrán aprendido una gran lección: sólo el hombre que va elegante por dentro puede ir elegante por fuera. ¿Por qué para las mujeres encontramos gran cantidad de diseños y prendas y para los hombres sólo había hasta hace bien poco unos calzoncillos blancos de algodón con apertura lateral, al más típico estilo de Homer Simpson? Ese tiempo ya ha pasado y la variedad que se ofrece a un público masculino ávido de gustar y de gustarse a sí mismo ha iniciado una carrera brutal. Y no sólo hablamos en este caso del metrosexual, sino de cualquier chico que quiera ir a la moda. Y lo mejor de todo, es que la moda no implica en este caso incomodidad, pues la ingeniería ha avanzado mucho, y se han conseguido diseños y tejidos tan flexibles y adaptables que se podría llegar a hablar incluso de una segunda piel.

El texto es bastante fácil de leer, con un estilo llano y sencillo, además de divertido. Todo lo imaginable acerca del interior de los hombres se encuentra recogido en estas 140 páginas. Se hace también una pequeña historia de los grandes diseñadores y firmas que acabaron con las prendas antiguas y sus aportaciones particulares, como Bruno Banani, Wolff, Calvin Klein, Schiesser, Eros Veneziani, Calida, Body Art, Punto Blanco, Esge, Nikos Apostolopoulos, Hom, Jockey, Olaf Benz, Manstore o Skiny Bodywear. Aunque también se pueden descubrir algunos gazapos como las referencias constantes que hace al diseñador francés y sus primeros tangas para hombre: Paco Rabanne. Vale que Francia haya sido siempre muy “progre”, vale que sea la cuna de la moda, pero si para uno de los pocos diseñadores internacionales que tenemos nos lo quitan...
Como es de suponer, semejante obra no aporta grandes cambios, ni aporta nuevas corrientes a la literatura universal. Pero creo que es muy importante ver estos libros en las estanterías de las bibliotecas, para que si se quiere llevar a cabo la liberación del hombre se haga por un camino correcto. Me refiero a que así como una liberación femenina mal entendida podría ser adoptar las costumbres tradicionalmente propias del varón, como fumar y beber, lo mismo sucedería con una liberación masculina centrada de nuevo en lo más llamativo del comportamiento femenino, como es la depilación o el maquillaje. Que cada cual haga lo que crea oportuno, pero si se van a hacer las cosas, es mejor que se hagan bien. Es decir, que porque un hombre lleve un tanga no es más moderno, y mucho menos, menos hombre por llevar una osada prenda que esté en constante contacto con su orificio sagrado. Todas estas pesquisas resultan hoy en día cuando menos absurdas. Me alegra que libros como éste hagan un llamamiento a la estética y buen gusto masculinos, para desterrar de una vez por todas las prendas descoloridas o dadas de sí. En el siglo XXI, donde toda belleza es poca y el culto al cuerpo es algo más que evidente, los hombres ya no se pueden conformar con cualquier cosa. Si se desea que la estética predomine sobre todas las cosas, que lo haga desde dentro, que no se es más chic por llevar una traje de firma, si debajo no se va convenientemente arreglado.

En resumen me gustaría decir, que esta obra para mí ha sido de vital importancia, porque en realidad recoge la esencia humana de los tiempos en que estamos, y aporta un consejo crucial en el desarrollo de la Humanidad: si a pesar de la aparente modernidad la gente cada vez es más garrula, y no quiere cultivar su espíritu y su entendimiento, pues considera que el físico es lo más importante, ya que no van a servir más que para adornar, al menos que lo hagan con buen gusto. Y si para alcanzar esa elegancia “interior” hace falta un buen presupuesto, pues que se fastidien y lo paguen, que nadie dijo nunca que la elegancia estuviese al alcance de cualquier desaprensivo.

Comentarios

quiero que me muestren una tnga roja muy sexy

Posted by: javier en: Septiembre 8, 2005 06:22 PM
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