¿Es el ser humano bueno o malo? (última parte)
Autor: Héctor Llamas Sandín

El siglo XX vomitó la debacle de las dos guerras mundiales, auténticas catástrofes humanas, y los totalitarismos. Estos, filosóficamente, constituían la materialización de una forma extrema de racionalismo, el idealismo. Podríamos considerarlos como concreciones muy extremas del proyecto racionalista para el hombre incubado desde la Ilustración. En ese sentido, si la razón teórica había postulado al hombre como bueno, los hechos contradijeron esta premisa en modos que aún hoy día nos espeluznan. Mientras los ilustrados tenían una visión abstracta e intemporal de la razón, ahora hemos descubierto no ya su multiplicidad, sino el hecho cierto de su corrupción. Y que, por ello, “produce monstruos”, como dijo Goya.
Por esto, y por el debilitamiento de las visiones teológico-metafísicas sobre la realidad, la pregunta por la bondad o la maldad del Hombre se fue desvaneciendo. Este proceso resultó extremado porque el materialismo, en sus distintas versiones (positivismo, marxismo, Nietzsche, Freud, Sartre...), sofocó el tradicional ímpetu filosófico por caracterizar la naturaleza humana apelando a lo metafísico. Sartre, por ejemplo, negó el que hubiera una esencia del hombre: los humanos seríamos solamente individuos animales que dispondríamos de una existencia en blanco, una tabula rasa dispuesta a lo que fuese: habríamos de rellenarla de forma libérrima (aunque haciéndonos por ello totalmente responsables de cada acto). Si tradicionalmente la filosofía había partido del presupuesto de que cada ser humano es un alma inmortal con un destino eterno capaz de aprehender parte de la verdad por medio del ejercicio de la razón, desde hace más de un siglo asistimos a la fortaleza de la idea de uno ni siquiera puede ser consciente de su propia naturaleza.
Para nuestra postmodernidad, la naturaleza humana es problemática; es inmediato comprobarlo con la lectura de uno de sus adalides, Richard Rorty. Toda referencia actual al “Hombre” es débil y casi retórica. Al ser tan cuestionada la existencia de una naturaleza humana (generalidades metafísicas inferidas a partir de similitudes físicas), hoy en día el pensamiento antropológico y moral parte de la existencia de seres humanos particulares. (Eso sí, no es menor la paradoja de postular derechos humanos sin partir de una concepción previa sobre los derechos humanos). Y respecto de los individuos, la discusión se centra en cómo organizar su convivencia de la manera menos fastidiosa para cada cual (véase Habermas, uno de los filósofos más importantes de nuestros días). Interesa más procurar la posibilitad de lo social, que lograr el entendimiento de lo natural alcanzando la esencia de las cosas (es decir, el proyecto filosófico más tradicional y genuino, herido de muerte desde el positivismo). Baste a las acciones del hombre el ser “preferibles” a otras. Quién sabe hoy día lo que está bien. O mal.
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Posted by: HUGO en: Septiembre 20, 2005 12:30 AM