La ciudad escindida. Actualidad y contemporaneidad en la literatura vasca

Autor: Jon Kortazar

Jon Kortazar es catedrático de literatura vasca en la Universidad del País Vasco. Ha escrito, entre otras obras, Laberinyoaren oroimena, Literatura vasca del siglo XX y Juan Mari Lekuonaren olerkigintza. Excelente divulgador de la cultura vasca, es colaborador habitual en Revista de Occidente.

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I
Cuando alguien proviene del País Vasco y habla de la ciudad escindida, los oyentes tienden a pensar que se hablará de política (y aunque podría ser el caso, porque la sociedad civil está sufriendo hoy un acoso extremo) prefiero hablar de lo que todo el mundo – fuera del País Vasco- habla: del museo Guggenheim. Sé que todas las fotos del museo que se han visto, retratan su cuerpo principal: el gran arco de titanio, la cristalera, la flor californiana, como se le ha llamado. Pero ese museo, al otro lado del puente, al otro lado tiene una cara oscura: una torre inacabada, indeterminada y también escindida. Es un museo, por ello, creado en dos cuerpos. Por el medio pasa el tráfico que viene por un puente.
Y la torre oscura del museo, la que no sale en las fotografías, está también escindida. Rota.
El público no sabe muy bien por qué y para qué se hizo la torre. El arquitecto Ghery dijo que así integraba el puente dentro del museo, un puente, por otro lado, de los más feos que en el mundo han sido. Esa torre muestra una superficie de color del mármol y por dentro se abre en una estructura de hierro, una forma vacía, de la que alguien comentó que allí podían situarse las oficinas del complejo. Ese espacio vacío es el que quisiera llenar hoy.
Porque hasta ahora la torre sólo ha servido para dar nombre a una exposición de jóvenes artistas vascos, quizás la primera de jóvenes artistas vascos que se realiza en el museo. Solo tuvieron antes que ellos dos precedentes, la exposición de Eduardo Txillida y la de Cristina Iglesias, pero a diferencia de éstas, la exposición de estos jóvenes artistas es la primera que produce el Museo de Bilbao, y además las obras se crearon para los espacios del museo.
“La torre herida por el rayo” es el título general para una exposición que recogía la obra de seis artistas y cinco propuestas, puesto que dos de los artistas trabajan juntos: Gabriel Díaz, Ferrán & Otero, Javier Pérez, Mabi Revuelta, y Francisco Ruiz Infante.
Si los traigo a colación, sabiendo que es posible que sea la primera vez que oyen estos nombres, en la confianza de que no será la última, es porque el responsable de la exposición, Javier González de Durana escribió:

Dada la universalidad del tema a tratar [Lo Imposible como meta, la idea de escalar al cielo y equipararse a los dioses, con el consiguiente enfado de estos] el hecho de que los artistas sean vascos, nacidos en algún punto de Euskal Herria o residentes en este país, resulta irrelevante. Son artistas. Unos viven aquí y otros andan repartidos por el mundo… Cumplido el requerimiento de que los artistas fueran vascos en el texto comisarial del catálogo no se menciona ni una sola vez su procedencia geográfica… Lo evidente es que –muy babélicamente- dominan el lenguaje universal de la comunicación artística.

¿Qué tendrán los artistas que no tienen los literatos, para que no tengan que hablar de actual y contemporáneo, para que por definición se consideren contemporáneos?
Ya sé, ya sé. Se diferencian en los materiales. Nosotros trabajamos con palabras que pertenecen a una lengua, que tiene una tradición, y que además, en neustro caso al tratarse de una lengua minorizada lleva consigo algunas consecuencias no queridas de la opción de escribir en una lengua así: por ejemplo la necesidad de preguntarse si somos o no actuales.
Estos artistas no: trabajan con piel, con algodón, con cristal, con metacrilato, con esferas, con películas, con el cuerpo humano.
Ya en la elección del material existe una constatación de lo que es y no es contemporáneo. También un amante de las letras podría decir que su material léxico y sintáctico cambia con el tiempo, y que mientras las “albas sonrosadas” es no-actual, “la explosión de una mañana” es más vanguardista.
Pero ello no quita un ápice el hecho de que los artistas no se planteen la cuestión de la misma forma en que lo hacen los escritores.
Quería comenzar con esta referencia al arte –no sólo porque arte y literatura fueron durante mucho tiempo de la mano- sino también porque el texto-guía de la exposición me servirá como en aquella pieza de Música para los cuadros de una exposición para un recorrido por la ciudad escindida.

II
Los trabajos de Ferrán & Otero apelan al ideal de conocimiento que nos sobrevuela inalcanzable y que nos impide fabricar complicados caminos para intentar aproximarnos a él.

La primera escisión creo que se encuentra en el enunciado del tema: actualidad y contemporaneidad. Se trata de dos conceptos distintos que tendría que deslindar antes de comenzar con cualquier descripción.
¿Qué es lo actual? Aquello que se crea con la materia de los periódicos, que tiene que ver con el presente inasible, con la que pasa día a día y que a veces no puede detenerse.
¿Qué es lo contemporáneo? Aquel reflejo del mundo de hoy, la estructura profunda, lo que quedará de este tiempo, lo que la literatura guardará para lo eterno.
¿Qué es ser actual? Seguir la moda
¿Qué es ser contemporáneo?. La mirada profunda sobre la vida actual. Conceptos que iré explicando a medida que vaya desarrollando algunas de las ideas en esta conferencia.
Si la literatura transciende –y parece que lo hace- el tiempo de hoy es porque se agarra a la mirada profunda y porque es capaz de mirar más allá de lo actual.
Lo actual es lo perecedero con fecha de caducidad, lo contemporáneo es aquello que nos definirá. Pero es difícil de precisar qué es lo que nos definirá, lo que permanecerá de nosotros. Probablemente sólo el mañana podrá decir lo que fuimos hoy. Hablar de lo que nos define en el día de hoy es un ejercicio de riesgo, que sólo un ejercicio como el que ofrece esta conferencia puede pensarse como un juego sobre lo que somos y nos verán en el futuro.
Dicen que toda literatura es, a la vez, histórica y ahistórica, histórica y permanente. Por eso es tan difícil hacer historia de la literatura, porque parte de la literatura permanece y no pertenece –sólo- al tiempo en el que fue creada. Lo que desaparece, la referencia al tiempo histórico es lo actual, y lo que permanece es lo contemporáneo.
Desde esta posición podemos describir algunos rasgos actuales de la literatura vasca. Por ejemplo: el espacio de la actual narrativa vasca reside en la ciudad.
Es un cambio que se produce con la poesía de Gabriel Aresti, que toma a Bilbao como eje de su poesía. Ello significaba, sobre todo, que se rompía con el mundo rural mitificado por la poesía simbolista, y por el imaginario nacionalista, que situaba en el campo la esencia del alma vasca. Pero, como alguien comentó, la ciudad de Aresti no es exactamente la ciudad, sino “la calle”. Esto hace referencia a una oposición semántica que existe en el habla vasca: baserria se opone no a la ciudad sino a la calle, que puede ser tanto el pueblo de 15000 habitantes, como la ciudad, y así baserritarra se opone a kaletarra – urbano -. Pero lo urbano no es necesariamente una creación ciudadana. Porque la ciudad supone una visión de la organización política que la calle no presupone.
La ciudad vasca aparece en la obra de Bernardo Atxaga, en Etiopia, es una Bilbao transformada por el aliento del expresionismo, una ciudad desaforada, deformada, creada con metáforas vanguardistas y con elementos mecánicos como los trenes, los maquinistas que lloran, las locomotoras que pierden su memoria en la fatalidad de los raíles.
Es también el tiempo del viaje y de la ciudad cosmopolita.
En este contexto actualidad significa el ropaje, el tópico que sirve a la obra literaria. Contemporaneidad se muestra en el nivel ideológico, en aquellas propuestas que parecían radicales pero que estaban ya en Pessoa, en Brecht y en Eliot, en todas las nuevas lecturas que llevaron a cabo los autores de la banda Pott:
· Su profunda convicción de que las utopías habían terminado, pero aún así necesitaban seguir trabajando. Era el tiempo de la Etiopia, y no de la Utopia.
· Su adscripción a la poética rimbaudiana donde “yo” era “ya otro”, y donde la personalidad era una suma plural de personalidades.
· Su creencia de que navegar (Viva Pessoa) era necesario pero llegar a un sitio, no.
· El profundo relativismo que aparecía en su obra: todo estaba roto y ese era su estado natural.
En cualquier caso, todas las afirmaciones nihilistas de este calibre pueden tener problemas de referencia posterior. Como escribe Antón Figueroa:
Se puede intentar romper con todo. Un dadaísmo nihilista no conduce a ninguna parte; los grandes escritores surrealistas se dieron cuenta enseguida de ello. De nada sirve destruir el “orden oficial”, si, como decía Kristeva, no se construye una ley nueva.

En la narrativa posterior a la banda Pott, es decir en los años 80 y 90 las figuras y los espacios fueron cambiando.
En este caso la ciudad no es ya la ciudad expresionista, cuna de una recreación de la angustia vital producida por una sociedad que sufría la grisura de la dictadura franquista.
Ahora es la ciudad del suburbio, la ciudad de los pisos de estudiantes y de las fiestas de fin de semana.
¿La narrativa de usar y tirar es actual o es contemporáneo? Puede ser actual en cuanto sigue la moda, es contemporáneo si presenta una de las bases importantes de esta sociedad: la tentación del nihilismo, la negación de la transcendencia.
Como se sabe, las mentes más optimistas del País Vasco, refieren que éste es en realidad una macro-ciudad, un territorio pequeño en el que uno puede dar, muy temprano, una clase en Bilbao, tener una reunión en Vitoria, y por la tarde asistir a una charla en San Sebastián.
Todo eso es cierto, pero eso tiene un pequeño problema: el precio de la gasolina, que no depende de la configuración de la ciudad, sino de políticas económicas dispuestas por la OPEP. Conclusión: evidentemente esto no es Norteamérica, ni Los Angeles, donde el precio de la gasolina es bastante más barato que aquí. Además, ¿qué porcentaje de la población puede realizar –no diré diariamente- ese traslado, digamos, semanalmente?.
Bien, lo cierto es que con la imaginación, sí que se puede viajar y lo cierto es que ya en esa ciudad “macronizada” se sitúan las narraciones de los escritores de los 90.
Ya todo el mundo sitúa su narración en la ciudad, o en una indeterminada modernidad. El espacio rural a casi desaparecido, aunque la “calle”, aparezca más veces que la ciudad.
Pero también la mirada se ha desplazado a los espacios exóticos: porque uno de los géneros que más se ha desarrollado en la última narrativa vasca es el libro de viajes, en una extensión de la mirada turística, pero también de la mirada ecológica y de la mirada política, que se ha ocupado de algunos de los momentos de crisis más fuertes en el mundo actual: de la desaparición del apartehid en Sudáfrica, de la Cuba comunista, de la revuelta de Chiapas.
¿Mundo global? Posibilidad de llegar más allá (de la globalidad hablaremos más tarde), porque aún nos queda un espacio nuevo para hablar: el espacio de la personalidad, no el de la intimidad, el mundo interior como creación de tensión psicológica, un mundo de tensiones que no sólo es de la apreciación de la sensibilidad, sino de examen de la personalidad.
Lo que es contemporáneo es el juego entre los tres espacios en los que se mueven las narraciones vascas, el juego entre todas los juegos posibles, la indefinición de la norma.

III.
Gabriel Díaz aborda el establecimiento de una relación tensa inquietud entre el cuerpo humano y el peso ingrávido de objetos sólidos a su alrededor.
Una relación entre el sujeto y los objetos de su alrededor: En el fondo una relación que la literatura debe guardar con la vida. El problema del realismo.
No basta decir que toda obra está incardinada en su momento histórico. Y no basta decirlo porque es básico que ello deba ser así. El problema es cómo se enraiza, cuál es la técnica que utiliza la literatura concreta en su relación con la realidad.
La narrativa vasca –la realidad en poesía aparece de otra manera- siempre ha tenido un problema con el realismo y su abordaje de la realidad.
Me veo obligado a diseñar un abreve esquema de la creación de la novela vasca. La novela vasca es tardía –comienza muy a finales del siglo XIX- y su andadura se atiende al principio, a una estética costumbrista. Posiblemente porque la burguesía vasca es castellano- hablante, el realismo –la estética burguesa- no aparece en los autores que –clérigos, defendían en sus novelas visiones anti-burguesas, integristas y muy relacionadas con ideologías tradicionalistas. Esta rémora ha sido clara en la evolución de la narrativa vasca. De forma que ella ha tenido dos problemas en su historia: En primer lugar, ha tenido que modernizarse, y de forma rápida: así a partir de 1959 la narrativa vasca se aferra al existencialismo como camino para conectar con la modernidad europea, y a partir de 1969 con la “nueva novela” francesa sigue el camino de la modernidad. En segundo lugar, la ausencia de realismo ha marcado su existencia, así algunos autores lamentan la ausencia como forma de crear una dialéctica, una confrontación con el realismo para ir más allá en la experimentación, o se exagera la necesidad de la narrativa realista, de manera que algunos autores se plantean como reto hacerla, como otros autores se han planteado llenar los huecos que la falta de cultivo de ciertos géneros en narrativas minoritarias se han producido, no había novela policíaca, pues había que hacerla, nos faltaba ciencia-ficción, pues se escribía la primera novela de marcianos en euskara, faltaba realismo, pues no había más remedio que hacer realismo.
Pero no es lo mismo trabajar un género que trabajar una técnica.
Así podemos hablar de una cierta neurosis en torno al realismo. Esta neurosis (“nos hace falta una literatura realista”) se une prontamente a la cuestión nacionalista. Es novela realista, la que toca aspectos de la realidad social nacionalista.
El debate sobre realismo y el debate sobre la literatura comprometida van de la mano en la literatura vasca. Una salida en este sentido ha consistido en
· Reducir la visión realista a la apelación a los elementos más superficiales de la conflictividad en el País Vasco: Ponga un etarra o un preso en su novela, puede ser una simplificación, pero ilustra de manera clara cómo el realismo se reduce a situar un elemento que sustituye la complejidad por lo políticamente correcto, dentro de la comunidad nacionalista, evidentemente.
· No alejarse excesivamente de modelos simples, huyendo de la complejidad.

La complejidad, la diversidad es uno de los temas básicos de la contemporaneidad. Es bien cierto que los modelos de los personajes en la narrativa vasca se han multiplicado: ya no sólo son exseminaristas atormentados por cuestiones sexuales, existenciales y políticas. Ahora pueden encontrarse distintas formas de creación de modelos sociales, es más, a veces, existe la impresión de que el autor ha creado la obra pensando en diversos modelos sociales. Es la complejidad narrativa lo que puede echarse en falta en la obra de los jóvenes narradores.
Quizás es el tema mismo el que es complejo y cualquier nota general sobre él puede resultar en el mismo momento general e injusta si no se dan algunos nombres y algunos ejemplos.
Es normal que en los autores más experimentados esto se realice de manera más compleja. La obra de Bernardo Atxaga, Anjel Lertxundi o Ramón Saizarbitoria muestran claros ejemplos de madurez narrativa.
La complejidad narrativa, en el uso del punto de vista, en la construcción de personajes se ve enriquecida con una visión crítica sobre la realidad, poco complaciente con el punto de vista establecido en la comunidad nacionalista.
En cambio, el hecho de que se haga una literatura para la escuela, o las diversas referencias a una literatura de fácil lectura han conseguido una simplificación narrativa y una narrativa más digerible por parte del lector.
Me da la impresión de que el problema del realismo en la narrativa vasca no tendrá mucha solución mientras se siga relacionando realismo con compromiso y no con la complejidad. Porque unir realismo con nacionalismo comprometido corre el riesgo de reducir la técnica narrativa hacia una simplificación de los personajes y las realidades, de servir únicamente a una manera de ver la realidad, de seguir el riesgo fatal del maniqueísmo y de la exaltación del militarismo y la obediencia ciega.

IV
Las obras de Mabi Revuelta están muy sutilmente relacionadas con la piel y sus funciones, con las ideas de renovación, deseo y protección.

“Renovación, deseo, protección”. Tres sentimientos para la contemporaneidad. Comenzaré por la renovación. Me temo que tendré que hablar de globalización, pero espero que tengan un poco de paciencia.
Me da la impresión, y comienzo por la tesis, que estamos –también los escritores en lenguas minorizadas- en los que se llama un cambio de paradigma.
Si escuchamos a los políticos vascos –esas personas que utilizan ideas antiguas -, les oiremos hablar del binomio nacional / universal. Es la idea básica aún en mi entorno. Se trata de convertir elementos vascos en elementos universales, de llegar desde aquí hasta allí. Pero esto que puede estar bien, y que todavía utilizamos como objetivo básico, es una idea que se produce con el modernismo literario: es una oposición defendida por poetas como Juan Ramón Jiménez, quien pretendía llevar la esencia de su pueblo a una relación universal. “Manchego universal” se le llama, por ejemplo a Almodóvar. Vale, manchego universal.
Me da la impresión, sin embargo, que esa oposición no es la del tiempo de hoy. Más claro, no es la que nosotros vivimos hoy. Es posible que la vivamos, porque se viven formas muy diferentes en un tiempo, formas correspondientes a otros momentos. Me refiero que no es la que de una manera más depurada, más exacta muestra el contorno de una forma de vida que aparece como la contemporánea.
Me da la impresión que global / local muestra más claramente nuestro corazón. No sólo global, también local.
Comenzaré por una referencia crítica a la globalización que se le ocurre a cualquiera. La oposición del nuevo paradigma Global / local deja de lado formas de constitución política intermedias, como lo nacional o lo regional, efectivamente. Y tan efectivamente porque posiblemente nos estamos moviendo en el terreno de lo social, antes de que en el terreno de lo político. Pero es que esas formas intermedias tienen que estar ahí, mirando a un lado y a otro.
Local / Global (y he dado la vuelta al término) es la base para un libro que a mí me parece clave en la comunicación actual. El libro de Manuel Castells y Jordi Borja se llama así. Y me parece que en los libros de Castells se encuentra una base –no diré la única ni la más exacta- para revisar nuestra opinión sobre el mundo contemporáneo.
Estoy convencido de que en todas las épocas ha habido filósofos, pensadores que han descrito de manera profunda el tiempo en el que se vivía. Creo que La era de la información puede ser uno de los libros que nos describen de manera razonada. Dudo que podamos ser contemporáneos sin ser de alguna manera sociólogos.
Lo que me parece clave es que podemos ser globales, pero no tendremos más remedio que ser también locales. Deseo y protección eran los dos sentimientos que reclamaba la artista que nos sirve de guía en este recorrido. Protección de una sociedad alejada de los nuevos centros de poder, creación de elementos de solidaridad, son los retos que muestra la globalización, en esa tensión necesaria con lo local.
Quiero dar un ejemplo tomado del libro local/global que ilustra de manera clara lo que intento decir, que la globalización no puede significar el olvido de las condiciones cotidianas, de la socialización de los bienes. En ese libro se habla por ejemplo de la importancia de la organización de las redes de transporte público para la vida de las mujeres en Río.
Lo que me parece clave en esa nueva oposición es que desde lo global podemos conocer distintas formas, pero luego tendremos que aplicarlas en lo local, podremos conocer distintas formas de organización de las redes de transportes para aplicar aquella que de mejor calidad de vida a las mujeres de nuestra comunidad.
Globalización no significa ausencia de organización política local, es más significa lo contrario, administraciones públicas más cercanas, ágiles, para responder a elementos nuevos en nuestra sociedad. No sólo gestoras, claro.
Pero cuando, al parecer, el agua se va a convertir en uno de los problemas básicos de los tiempos que vienen, el nuevo paradigma obliga a pensar que el acceso al agua es un derecho humano.
Problemas como la integración y la educación de los nuevos inmigrantes, la solución para los excluidos de la sociedad opulenta van a ser rasgos políticos que nos van a definir.
Otro problema distinto es cómo se refleja esto en la literatura. Y ciertamente tengo pocas respuestas. Posiblemente, porque los escritores vascos aún no se han dado cuenta de que se encuentran, en mi opinión, en una nueva situación, en nuevo paradigma.
Parece claro que el lenguaje de la televisión, por ejemplo, ha influido directamente en la manera de construir frases: más rotundas, más cortas, menos elaboradas, poco matizadas. Así lo señalan estudios como los realizados por el experto en comunicación Neil Postman.
Pero aún es difícil detectar cómo influye lo global. Los pocos ejemplos que puedo aportar son tan superficiales que resultarán superfluos.

V
Francisco Ruiz Infante presenta un tríptico sobre la búsqueda trabajosa e inútil de una imagen- idea vislumbrada o intuida durante unos breves segundos.

¿Basta situar en la ciudad la acción de la novela para suponer que la novela es contemporánea? Es bien cierto que no.
Realmente hay un tema que me preocupa en esta referencia a la ciudad: ¿Cuál es el lugar de la utopía en el mundo de la literatura vasca de hoy?
Javier González Durana recoge tres citas sobre la necesidad de la utopía:
· Cioran: “Los individuos sólo actúan bajo la fascinación de lo imposible y esto significa que una sociedad incapaz de dar a luz a una utopía y de abocarse a ella, está amenazada de ruina y de esclerosis”.
· Calvino: “La persona proyecta su deseo en el infinito y sólo siente placer cuando puede imaginar que aquél no tiene fin
· Lispector: “En lo imposible es donde está la realidad”.

Si tomo en consideración estas tres afirmaciones, distintas en muchos elementos de su construcción, comenzaría afirmando que el elemento romántico e idealista configura la esencia de las tres afirmaciones.
Y ahora sí que completaré su horizonte de espera, es decir intentaré hablar de esa ciudad escindida en lo político.
Lo realmente clave de la reflexión consiste en imaginar la utopía, cuando una sociedad se encuentra radicalmente separada. Cuando el lenguaje no sirve para reflejar lo real, ¿cómo podemos reflejar la utopía?. Para unos, la utopía tiene mucho de sociedad vasca independiente, para otros la utopía tiene mucho de sociedad democrática, tal como se vive en los países de la Europa actual. Lo real, amigos, siempre es injusto, o mejor insatisfactorio, nunca llega a completar los sueños de todos. La utopía, amigos, es injusta. El sueño de la razón produce monstruos, el sueño del ideal también los produce.
Pero es cierto que esto no debe llevar a una inactividad, a una incapacidad ni para la acción, ni para la reflexión sobre la utopía.

VI
Las piezas de Javier Pérez [buscan], como un nuevo Sísifo apresado en una construcción kafkiana, demostrar la existencia de un tiempo sin lugar, un esfuerzo sin ganancia.

Seré más concreto, sobre lo actual y lo contemporáneo. Me gustaría leerles un poema. Creo que es una de las máximas creaciones de los jóvenes poetas vascos de la década. Me gusta, porque creo que lo actual se resuelve en contemporáneo. El poema es de Rikardo Arregi.

66 VERSOS EN LA CIUDAD SITIADA.
Cuando atravieso sin prisa las plazas y las calles de Vitoria
Para ir, como cada día, al trabajo o a ver a mis amigos,
Pienso y me sobresalto
Que caminar allí
Puede resultar peligroso
Y mientras miro hacia los tejados de las casas calculo,
La mirada quieta y el ánimo convulso,
Qué lugar elegirá el francotirador,
Por dónde llegará la bala,
Mi cabeza convertida en una flor de sangre,
Porque esa plaza tan ancha resulta sospechosa. Esa calle.
Ese parque rodeado de altos edificios.

He oído decir que en los parques de Sarajevo
No quedan árboles,
Porque sus habitantes los han cortado para calentar sus casas,
Y pienso y me sobresalto
Que no tengo en mi casa un lugar apropiado para hacer fuego.
Mi calle está rodeada de edificios oficiales,
Y puesto que las oficinas gubernamentales son objetivos
De guerra,
Pienso y me sobresalto
Que mi calle se haya convertido ya en zona de conflicto
Y puede que ya esté destruida
Mi casa en Sarajevo.

¿Cómo se las arregla mi yo que está en Sarajevo?
¿Va aún a trabajar? ¿ O quizás
hace tiempo que esas costumbres, tan diarias, desaparecieron?
Y pienso y me sobresalto
Que seguramente las escuelas estarán cerradas,
Y que la mía, además, está al otro lado del ferrocarril, cerca de la estación,
Y que los ferrocarriles y las estaciones son lugares que se deben controlar
En tiempo de guerra.

Aguardar largo tiempo cartas que no llegan
Y no poder escribir otras nuevas.

¿Cómo hago la compra en Sarajevo?
Desde que un kilo de patatas cuesta diez marcos
Me paso las horas haciendo sumas y restas
Pero los resultados siempre tienen hambre.
Y pienso y me sobresalto
Que el hambre, el frío, el terror, las cosas, la mala suerte
Son costumbres demasiado vulgares
En tiempo de guerra.

La ciudad está ya dividida,
Son heridas las fronteras interiores
Y esa sangre no es una metáfora,
Más allá de la vía los enemigos amigos
A este lado del puente los amigos enemigos.
¿De qué suerte me he adaptado a lo que me ha tocado en suerte?
Y pienso y me sobresalto
Que mi madre vive al Oeste y yo en el centro
Y que los dos barrios, y también el de mi hermano, se alejan
En tiempo de guerra,
Y que las divisiones son imprevistas, y crueles,
Si estoy aquí es porque esta noche me quedé a cenar en tu casa.

No faltan alrededor de Vitoria
Lugares apropiados para situar la artillería,
Quizás Zaldiarán, quizás los montes de Vitoria
No son tan espectaculares como el Illidza,
Pero las bombas hacen el mismo trabajo.
Y más tarde echarse a andar camino adelante, con el equipaje a cuestas,
Ciudadanos sin ciudad,
Si es verano bajo el bochorno, si es invierno sobre el hielo,
Perdidos en los caminos que no llevan a ningún sitio,
Buscando un amparo que no existe en ningún lugar.
La cuestión es seguir vivo hasta que se firmen los acuerdos de paz.
Y que no escriba otro 6 el diablo.

Los elementos contemporáneos, que encuentro en el poema, pueden servirnos como última reflexión en torno al tema. No sólo se trata del profundo sentimiento antibelicista que impregna el poema. Alguien siempre podrá decir que el tema no constituye una referencia clave, pero no es menos cierto que ante toda obra literaria lo primero que pregunta el lector es por qué me resulta interesante esta obra concreta. El interés del tema es la primera de las cuestiones que debe responderse cuando nos ponemos a escribir.
Desde el punto de vista del interés es cierto que el texto responde a una de las mayores tragedias de este fin de siglo: el cerco a Sarajevo. Esa tragedia se vislumbra desde la referencia a una persona humilde a la que el azar puede situar a un lado o a otro de la infamia, una persona que sólo buscará la supervivencia.
Creo que estamos ante dos temas básicos de la contemporaneidad:
· El tema del antihéroe. Uno de los ejes básicos de la literatura contemporánea se ha movido en torno a la persona normal, a la persona que poco puede hacer. El destino trágico se muestra a través de las referencias a unas fuerzas que el sujeto no puede controlar, y ésta es la vía desde la que se une a la tragedia. De la misma forma que el sujeto trágico no puede responder a las fuerzas de los dioses, el sujeto del poema no puede responder, responsabilizarse de lo que otros han decidido.
· El tema de la denuncia de la barbarie. El ansia de libertad se convirtió en el tema básico de la literatura que se opuso a la dictadura. Desde la Revolución Francesa, los tres elementos de aquella tríada de ideales: libertad, igualdad, fraternidad, la libertad retrata a las revoluciones burguesas, la igualdad a las revoluciones comunistas, y nos queda por hacer la revolución de la fraternidad. Pero aunque ello pueda parecer un programa a largo plazo, me parece que la referencia a la libertad es aún importante en la sociedad del País Vasco.

Quisiera resaltar, sin embargo, que, siendo básicas las referencias ideológicas que se producen en el texto, un elemento técnico, siempre la contemporaneidad necesitará de una forma revolucionara para aparecer como tal, aparece con toda su fuerza en este texto, y quisiera subrayar que es precisamente en la elección de ese elemento técnico donde el autor ha mostrado más claramente la referencia contemporánea.
Desde la modernidad sabemos que existen varias personalidades en la misma persona. Desde que Rimbaud dijera “Yo soy otro”, los distintos otros de nuestro yo se han ido acumulando con rara perfección. En este caso, lo que sucede es que existen dos yos: uno pasea y se duele en las calles de Gasteiz, y el otro sufre en Sarajevo.
Lo importante es que esos dos yos son simultáneos. Quiero decir, que las distintas personalidades en la postmodernidad aparecían en tiempos distintos, una personalidad seguía a la otra, o, por el contrario, las distintas personalidades vivían un momento y un solo espacio. En cambio, las personalidades del poema viven un mismo momento, pero dos espacios distintos. Lo novedoso, quizás, es ese deslizamiento en el espacio. Esa posibilidad de vivir a la vez dos espacios distintos.
Probablemente es la metáfora de Internet, donde una misma personalidad puede simultáneamente vivir en espacios diferentes.
Esa creación de una personalidad doble viviendo dos espacios –realidades- distintas en un mismo momento es la metáfora de lo local/ global donde nada puede sernos ajeno.

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