Dos damas, dos caballeros, y la razón de las sinrazones…

Autora: María Pugliese

A la memoria de Irma Cuña

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Mis primeras lecturas de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, estuvieron ligadas a textos escolares. En ellos se aludía a ciertas aventuras de un cincuentón desubicado, a lomo de su escuálido Rocinante, con la piadosa compañía de Sancho Panza y su burro. Me esforzaba por reconocer en aquellas líneas “a la cuna de las letras castellanas”, y sólo surgían sentimientos compasivos adornados por las clásicas ilustraciones de dos sombras –una alta y delgada, la otra redonda y baja-. Sin darme por vencida, acudía a los diccionarios en busca de datos biográficos acerca de Miguel de Cervantes Saavedra, y allí sí encontraba la aventura, la pasión , el riesgo, la conciliación entre el pensamiento y lo que entonces era para mí, el sentido de la literatura:. posibles respuestas para interpretar los mundos frágiles, incomprensibles e inacabados de la infancia.

A los veinte años asistí a la cátedra de Literatura española del S. de Oro, en el Instituto Nacional Superior del Profesorado “Joaquín V. González” de Buenos Aires, a cargo de la Dra. Irma Cuña, quien desde el primer día, nos sugirió proveernos de una edición completa de la obra. Y así fue cómo invertí mis magros ahorros -a base de ayunos y abstinencias- en los dos tomos editados por EUDEBA –Editorial Universitaria de Buenos Aires- en 1969. Irma alternaba citas de párrafos completos, sin la presencia del texto, con aseveraciones tales como “cada vez que lo releo me río a carcajadas”, “mientras haya un hombre con vida que lea el Quijote, la obra de Cervantes se renovará, crecerá…”. Cargué, literalmente, con los dos tomos durante mis viajes diarios en tren hacia el Instituto, y acarreé con ellos hasta Italia, donde residí en los meses de julio y agosto del 77. Ése fue un año de viajes internos y externos, las lecturas de Don Quijote me mantenían en contacto con mi lengua en el extranjero y en mi propio país atravesado por dolores extraños. De esa primer lectura completa emergió un hombre lúcido, emprendedor, valiente, dispuesto a transformar las realidades que habían sido concebidas como ilusión; un hombre atravesando una llanura poblada de miserias, marginalidades, injusticias y desamores. Así es que descubrí con asombro que la gran aventura emprendida no era la historia en sí sino la intención de su autor al abordar el tembladeral del lenguaje con diferentes estilos y formatos, en construir un abanico de variedades lingüísticas y referencias bibliográficas sin precedentes: cuentos populares, novelas, obras de teatro, poemas, cartas, tratados, desplegaron un recorrido a través del tiempo y los espacios con dichos, refranes, citas, juegos de palabras, neologismos. En el S. XVII eran insospechables conceptos tales como intertextualidad o problemas de género, y a modo de caja china, no sólo se despliegan diferentes textos sino además diferentes “voces” que narran a diferentes destinatarios. Y por supuesto, no fue ésa la única lectura, a pesar de que sólo escribo poesía –y en ocasiones ensayos-, es uno de los pocos textos al que recurro una y otra vez, con asombro renovado.
Al igual que Cervantes, Don Quijote no se resigna a morir entre sus mundos imposibles y decide transferirlos, con la única certeza de que sólo el riesgo puede virar el cauce de “lo inevitable” del presente, con un único sostén, el amor, la entrega misma “desprovista de apariencias y expectativas”:

Soberana y alta señora:
El ferido de punta de ausencia y el llagado de las telas del corazón, dulcísimo Dulcinea del Toboso, te envía la salud que él no tiene. Si tu fermosura me desprecia , si tu valor no es mi pro, si tus desdenes son en mi afincamiento, Moguer que yo sea asaz de sufrido, mal podré sostener en esta cuita, que además de ser fuerte, es muy duradera. Mi buen escudero Sancho te dará entera relación ¡oh bella ingrata, amada enemiga mía! del modo que por tu causa quedo. Si gustares de acorrerme, tuyo soy; y si no, haz lo que te viniere en gusto; que con acabar mi vida habré satisfecho a tu crueldad y a mi deseo.

Tuyo hasta la muerte,
EL CABALLERO DE LA TRISTE FIGURA.

La carta a Dulcinea concentra esa necesidad de otorgar sentido al sinsentido, su vocabulario antiguo nos remonta a las expresiones de las primeras formas escritas en castellano marcadas por las dinámicas de la oralidad. Si bien es cierto que la ternura reniega de los límites del lenguaje y hasta puede prescindir de él, este texto transmite lo que cualquier humano desearía oír desde el corazón amado.

Desde aquel encuentro fortuito de la relación profesor-docente, no sé por qué razones Irma y yo fuimos amigas entrañables durante veintisiete años, y a un año de su muerte confieso que me hubiera gustado permanecer a su costado para susurrarle al igual que Sancho:


“…No se muera, v.m., señor mío, sino tome mi consejo, y viva muchos años; porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir, sin más ni más, sin que nadie le mate, ni otras manos le acaben que las de la melancolía.”

Comentarios

María,

teu ensaio sobre "Don Quixote" é muito bom. Parte de uma impressão pessoal, de sua leitura do libro, deixando de lado as bobas teses acadêmicas. Parabéns.

Cláudio Portella
Escritor Brasileiro.

Posted by: Cláudio Portella en: Julio 8, 2005 02:43 PM

NEFASTO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Posted by: DULCE en: Enero 11, 2006 11:46 PM
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