Marcela en la ventana

Autora: Mercedes García Rega

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Algunas veces llueve en este paisaje sin ventanas.

Duerme a mi lado o lo finge, acompasando su respiración con la mía como si no se diese cuenta del tintineo desasosegante en la poyata. Si alzo brevemente los párpados, está ahí todavía: callado, esperando con la paciencia de un monje un algo inevitable. Si pestañeo, continúa en la misma postura: un rostro quieto, sudoroso, próximo a mi boca.

Prefiero estar limpia como el borde de un pétalo recién destapado, como la espina de una ortiga mojada. Huir del calor del cuerpo; que la cama donde he gozado se convierta en una piedra negra cruzada por besos de frío. A escondidas de sus ojos dormidos, trepar a una silla con la luz sola de la noche; desparejar los cristales de la ventana y que una ráfaga escalofríe mis muslos.

Su mano hexagonal, ciclópea, está buscando mi ondulación bajo la sábana. Me acaricia. ‘Ya me voy, cariño’ oigo a mi voz decir con el tono blando y apagado de una confidencia. Y no parece mía, sino extraña: que haya goteado de un mar de semejantes susurros de mujer acumulados en el transcurrir del aire o impregnados en el ladrillo.

Me levanto. La lluvia ha venido a resbalar por mi pecho. No sé cómo, hace un rato que me estoy ahogando. Qué cárcel sin silencio, la belleza… qué tierra paterna seca, estridente, inhabitable.

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