Las "dos Europas"... filosóficas

Autor: Héctor Llamas Sandín

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Aunque sus raíces culturales se ubiquen en Oriente Medio, la civilización occidental se ha desarrollado secularmente en torno a Europa. Pueden apreciarse, a lo largo de su dilatada y convulsa historia, numerosas dicotomías en el interior de este continente: la Europa grecolatina (civilizada) y la germánica (bárbara), el Sacro Imperio medieval y los territorios periféricos, la Europa papista y la reformista, la de los derechos individuales y la centralista, etc. Pues bien: resulta ser no menos cierto que en el mundo de la filosofía (en el siglo XX aún llevada a cabo esencialmente por los europeos, con el añadido –irrelevante hasta hace no tanto- de los EE.UU.), asimismo puede señalarse dos ámbitos mutuamente excluyentes en cuanto a sus modos y objetivos: la filosofía “analítica” y la “continental”. Una idealización no demasiado alejada de los hechos permite destilar lo característico de cada una de estas dos formas contemporáneas de filosofar. Ellas, como vamos a ver, componen imágenes que resultan casi especulares entre sí.

La filosofía analítica está atravesada por un fuerte sesgo que la orienta hacia la ciencia, de la cual pretende impregnarse, y a la cual trata de asumir tanto como puede. Y es que esta filosofía parte de una visión única y universal de la razón, que hace que el lenguaje con el que argumente se halle regulado según normas lógico-matemáticas (los lenguajes formales siempre han suscitado el interés de los analíticos). Para que tal forma de argumentar resulte congruente, ha de poder caracterizar con claridad y precisión los sujeto, objeto, método y finalidad de la actividad filosófica. Desde ahí hay solo un paso hasta llegar a la inveterada aspiración (un tanto achacosa desde Nietzsche) de la descripción objetiva. Dado que los analíticos consideran a la filosofía una actividad por encima de determinaciones espaciotemporales, sociales y culturales, se ocupan de conceptos y problemas filosóficos abstractos, y de forma abstracta (no suelen apelar a argumentos de autoridad, sino a la razón en sí misma). Y además, todo esto lo hacen de forma individual, e incluso aislada.

La filosofía continental, por su parte, no cree en una caracterización única de la filosofía: la entiende como algo plural, por lo que admite el que adopte varias formas. Esto se fundamenta en que los continentales problematizan a la misma razón, considerándola múltiple y difícilmente perfilable. Por ello no cree posible normatizar los modos de argumentar, de lo que se deriva una manifiesta laxitud metodológica (que al final aproxima al lenguaje filosófico al literario o al artístico). Eso implica la indeterminación de los límites entre sujeto y objeto: al no definirlos ni disociarlos nítidamente, el continentalismo renuncia de partida a la capacidad de describir con neutralidad. Sostiene además que la filosofía se realiza intersubjetivamente, porque lo que hay en una cabeza resulta constituido esencialmente por lo que hay en las otras. Finalmente, más que tratar temas intemporales y abstractos, aborda directamente a los autores, por lo que es un modo de hacer filosofía que jamás se desentiende de las corrientes de pensamiento que la atraviesan.

Estos dos modos de la filosofía permanecieron estancos entre sí durante la mayor parte del siglo XX, aproximadamente hasta 1985. A partir de ese año, se produjo un acercamiento entre ambos “bandos”, y con él, solapamientos e hibridaciones hasta entonces inéditos.

Pero por si acaso pusiera pensarse que lo referido se circunscribe sólo al ámbito de lo puramente académico, pongamos en evidencia cómo esta división se puede conectar con determinados hechos que actualmente nos acometen. Al socaire de acontecimientos políticos que no es necesario recordar, se ha hablado insistentemente de “dos europas”: la “nueva Europa” (a saber, británicos y polacos -en Italia sólo es un bando-) es partidaria de imponer en Irak la democracia, porque tal hecho es en sí mismo estimable, dado que constituye el sistema que permite la mayor cantidad posible de libertad en el ser humano compatible con el máximo de libertad y bienestar. Así, tal cual. La “vieja Europa” (Francia y Alemania -en España sólo es un bando-) juzga esos mismos hechos desde otro punto de vista: adopta una perspectiva diacrónico-historicista en virtud de la cual sitúa a la democracia en función de otros valores, occidentales y del propio mundo árabe, con lo que la relativiza (al menos, a los efectos de su implantación en países de diferente cultura).
Pues bien: la “vieja Europa” se corresponde escrupulosamente con la filosofía analítica (ésta fue fundada por los ingleses Russell y G. E. Moore; los polacos fueron los adalides de la lógica en Europa durante décadas). Y, enfrente, a la “nueva Europa” le sienta como un guante la filosofía continental, tanto por el lado francés (el personalismo de Mournier, los existencialismos de Sartre, Camus y Marcel, la hermeneútica fenomenológica de Paul Ricoeur, el deconstruccionismo de Derrida... –es decir, la aportación filosófica francesa al siglo XX- son expresiones específicamente continentales) como por el alemán (las referencias continentales típicas son los tudescos Nietzsche, Marx, Freud, Husserl, Heidegger, Jaspers, Cassirer, Adorno, Horkheimer, etc.).

Eso sí: lo que en fondo sucede es que tanto una como otra Europa (y como todo el mundo, siempre) van buscando esencialmente su interés. Algo que jamás ha hecho la filosofía. Aunque sólo sea porque, ciertamente, los filósofos no siempre han tenido claro qué es lo que realmente quieren.

Comentarios

quiero decirles que soy un gran estudiante encuanto la filosofia ya que me encanta estudiar mucho los temas que trata la filosofia.
por eso quisiera decirles que me gustaria ser un filosofo y lo mejor es prepararme en una universidad y la presente es para que ustedes me alluden en una beca o con documentos que me envien a mi correo para asi prepararme ya que no tengo dinero para comprar los libros se lo agradesco chaoo

Posted by: juan jose lopez perez en: Noviembre 3, 2005 10:14 PM
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